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Francia lucha desde hace una semana contra una ola de calor que ha provocado grandes incendios en el suroeste del país, en uno de los veranos más calurosos desde la ola de calor de 2003, en la que murieron 15.000 personas en Francia. Pero la peor ola de calor jamás registrada en Francia, con más de 46.000 muertos, se produjo en el verano de 1911.

 

 

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En 1911, los franceses de la Belle Epoque se enfrentaron a una ola de calor tan mortal como inusual. Procedente directamente de Estados Unidos, la «cúpula de fuego» golpeó a Europa, especialmente a los Países Bajos, Bélgica y, sobre todo, a Francia.

Durante 70 días, del 4 de julio al 13 de septiembre, Francia se vio asfixiada por temperaturas muy altas combinadas con una elevada radiación solar y una ausencia total de lluvias. La ola de calor abrasó todo el país. Tras un relativo parón a finales de agosto, volvió en septiembre y sólo se detuvo a mediados de mes.

Más de 46.000 muertos, 30.000 de ellos bebés

«En 1911, los habitantes de Francia vivieron más de dos meses de sequía extrema y altas temperaturas», recuerda Catherine Rollet, autora de un libro dedicado a analizar las consecuencias de este fenómeno en términos demográficos, médicos y políticos («La ola de calor de 1911: observaciones demográficas y médicas y reacciones políticas»).

Fue un aumento significativo de las temperaturas que afectó a todo el país, pero quizá más gravemente al norte de Francia, añade Patrick Zylberman, profesor emérito de historia de la salud, citado por Ouest-France. Las temperaturas alcanzaron rápidamente los 36 °C y a veces superaron los 40°C. Los días 22 y 23 de julio de 1911 se registraron 38 °C en Lyon, Burdeos y Châteaudun. En agosto, en París, las temperaturas superaron los 30 °C durante 14 días consecutivos. Se trata de temperaturas entre 5 y 7,5 grados centígrados más altas de lo normal.

En 1911, el país se enfrentó a una ola de calor, pero también a una epidemia de «diarrea verde» (heces verdes debidas a una infección bacteriana – ed) que hizo estragos en los niños más pequeños, recuerda el profesor. La ola de calor afectó rápidamente a todos los estratos de la sociedad. Un total de 46.719 personas murieron durante el calor extremo, y entre esas víctimas había casi 30.000 bebés menores de un año, la mitad del número de niños que murieron en 1911, dice Patrick Zylberman.

Un brote de fiebre aftosa en las vacas que producían la leche que se daba a los bebés provocó una grave escasez de leche, lo que llevó a utilizar otros alimentos inadecuados que hicieron a los bebés vulnerables durante la ola de calor, explica el profesor.

La pobreza y el calor, una combinación letal

Estas asombrosas cifras tienen varias explicaciones, según el profesor de historia de la salud. En aquella época, el calor extremo favorecía la infestación de gérmenes en el agua potable usada para fabricar los biberones. En 1911, no había productos químicos ni instalaciones para preservar y proteger el agua, informa digi24.ro

El calor favorecía a las moscas, que transportaban todo tipo de bacterias. Además, a principios de siglo, el transporte se realizaba principalmente con animales de carga como caballos, burros y mulas.

Por último, el hacinamiento en las viviendas y la falta de tratamiento de los residuos -aunque había aparecido la recogida de basuras- fomentaron la propagación de microbios, que infestaron el agua que todos bebían y usaban en mayor cantidad de lo habitual para refrescarse.


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